CERRADAS

       En 1983 mi padre se quedó en paro. Con los ahorros que tenían se quedaron un colmado en Barcelona que traspasaba un hombre que se jubilaba.

 

     Por aquellos tiempos yo trabajaba en una empresa de materiales de construcción. Sabéis los jabones; que los hay que lavan a mano y a máquina, pues yo con los camiones, los cargaba a mano o a máquina y 11 horas cada día.

 

     Cuando mi padre me dijo que se cogía la tienda le dije que me quería ir con él ya que era necesario un “nano” (que es como antaño se le decía al chaval que comenzaba de aprendiz de un oficio), yo no quería pasar el resto de mi vida cargando camiones. 

 

         Comenzamos a trabajar en la tienda. La jornada de trabajo era la siguiente: A las 3 y media de la mañana nos levantábamos cada mañana para ir al Mercabarna a comprar la fruta. Llegábamos a la tienda a las 7 de la mañana, descargábamos y poníamos la parada de la fruta. A las 8 a almorzar y seguidamente a trabajar.

 

         A escasos 70 metros teníamos un supermercado perteneciente a una conocida cadena que la verdad es que  nos hacía  temblar el negocio, ya que muchos de los artículos que comprábamos a nuestros proveedores eran más caros que el precio al que el súper  vendía  al público.

 

       Si el negocio iba tirando era gracias a un trato superpersonalizado con la Sra. María vecina de toda la vida, una fruta de calidad y el reparto a domicilio. Pero este último tampoco funcionaba como para lanzar cohetes pues muchas de mis clientas me utilizaban como burro de carga. Terceros y cuartos pisos sin ascensores y venga viajes con cajas de agua y de Coca-colas de litro, de aquellas que iban en botella de vidrio en aquellas cajas de color rojo, que no veas cómo se clavaban cuando te las ponías en el hombro. 

 

      A las 2 y media cerrábamos la tienda  para comer. Después de comer me quedaba media hora que podía echar la siesta y sobre las cuatro y media a poner la parada hasta las 9 de la noche y así cada día de lunes a sábado.

 

     Cuando llevábamos unos 3 años en la tienda mi padre me dijo: Miguel traspasan un colmado, si lo quieres coger , nosotros te ayudaremos. Yo le dije a mi padre que no, que no quería pasar la vida viviendo para trabajar.

 

      Fueron unos años duros en lo que respecta al trabajo, pero también muy intensos. En esa tienda pasé momentos muy buenos y aprendí muchísimo de mis clientes. 

 

     Cuando llevaba 6 años en la tienda comencé a buscar trabajo y finalmente  encontré trabajo. Hice como los pokémon: evolucioné.  Me fuí de la tienda y entonces fué mi padre quién se encargó  del trabajo del reparto.

 

      Los sábados por la mañana iba a ayudarles. A medio día me llevaba una “cesta” (que es como le llamábamos a los pedidos que nos hacían nuestras clientas para que se los llevásemos a casa), con algo de fruta, verdura, algunas latas…

 

     Cuando mi madre llevaba 15 años cotizando por la Seguridad Social (que es el tiempo mínimo que tienes que cotizar para poder cobrar la jubilación) se jubiló y cerraron la tienda, pues si iban tirando, era a base de muchas horas y trabajando los dos.

 

     Hoy mis padres viven en el mismo piso donde yo crecí. En todos aquellos años pudieron hacerse una casita en el pueblo y ya está nada más. Hoy viven de sus pensiones de autónomos.

 

     Yo de momento, tengo trabajo estable y también una hipoteca como la mayoría de los españoles.

 

     De los 5 colmados que había en el barrio, hoy los 5 están cerrados. En esta misma zona hoy , hay dos tiendecitas de Pakis  y un colmado que abrió con posterioridad a la jubilación de mis padres. Su propietario hoy ronda los 60 años. De cualquier manera es poco probable que cuando se jubile pueda traspasar ese negocio.

 

     Donde mis padres tenían la tienda hoy hay un negocio de artes gráficas y en el colmado que podía haber sido mío, desde hace 10 años hay una panadería.

 

     Al igual que hicieron mis padres con el colmado, cuando llega la hora de la jubilación, multitud de pequeños negocios de barrio cierran para siempre sus puertas: mercerías, droguerías, ferreterías, peluquerías, zapateros, relojeros…

 

     La carpeta  CERRADAS está dedicada a esos negocios que han dejado de existir.



   12.10